domingo, 6 de abril de 2014

La magia en su más pura esencia

Lunes 19 de julio del 2013 11:35 a.m: bajé del camión que me trajo del Distrito federal a San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, salí eufórico de la central de autobuses, esperando con ansias conocer el pueblo que tanto deseaban ver mis pupilas y al mismo tiempo con un ligero toque de incertidumbre por la nueva etapa que estaba por comenzar. 

Aunque con un poco de miedo por mi equipaje, decidí ir caminando hacia el centro, sabía que no podía ver la ciudad de la misma manera, que paso a paso por el territorio aún desconocido. No podía dejar de observar con gran estupor la belleza de la ciudad, los colores brillantes e intensos de sus construcciones, las artesanías en cada esquina, los techos de teja vieja, el olor a humedad y a café, y los pies descalzos de los niños chiapanecos, que con una lúgubre mirada pedían dinero a los turistas.

Llegué a la catedral de la ciudad y me quede un momento observando su belleza y aunada a ella, el enorme bosque que abraza la ciudad, el sonido de la marimba y los niños brincando en los charcos que la lluvia del día anterior había dejado, me hicieron saber que me esperaban una infinidad de sorpresas por descubrir.



Al paso del tiempo, la ciudad y sus alrededores superaron exponencialmente mis expectativas iniciales y comencé a entender que más allá de la belleza de su arquitectura y su naturaleza, eran la energía y la magia creada por las personas y las experiencias a las que es inevitable confrontarse, las que hacían de este lugar un sueño del que no quería despertar.

Nunca imaginé ni un tercera parte de las situaciones a las que me iba a enfrentar, aquí fue donde me di cuenta que era imposible no conocerme a mí mismo y me confronté a demonios internos que ni siquiera sabía que existían y al mismo tiempo hice consciente muchas virtudes de mí que ignoraba y que ahora me hacen ser una persona mucho más plena y segura. 




Comprendí que en este lugar la empatía con los demás es inevitable gracias a la gran cantidad de razones que nos traen acá, pero sobre todo a las que nos hacen quedarnos; aquí conocí y sigo conociendo a personas maravillosas que siempre llevaré en mi mente y en mi corazón, con las que he vivido experiencias que han marcado por completo mi vida, con las que descubrí que el desapego no es opcional, lección que me provocó algunas lágrimas pero que sin duda me hizo un hombre mucho más fuerte e independiente. 

Finalmente descubrí que Chiapas es la magia en su más pura esencia, que es energía viva que estimula los cinco sentidos y los hace explotar, que te envuelve por completo, que si fluyes con ella te abraza y te regala su sabiduría, lo único que se necesita es sentir su poderosa fuerza y estar dispuesto a creer y aprender, a caerse y a levantarse, a perdonar y a seguir, a estar sin pensar y a simplemente ser lo que se es.

 


Escrito por: Octavio Medrano Macías.
Fotografías de Luis Fernando Jiménez Mayagoitia.


3 comentarios:

  1. Muchas gracias Paulo, que bueno que te gusto, esperamos que sigas leyendo nuestras publicaciones.

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  2. Mi niño! Te quiero mucho... que bueno que sigas descubrienndo toda la luz y fuerza que llevas dentro

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